¿Qué se siente? /ANSIEDAD

Hoy en día, en  un ambiente ensordecedor por donde se lo mire, la mente se suma y pide a gritos, un rato de silencio.

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Tengo que terminar el libro que empecé hace un tiempo, aunque mejor ahora ordeno mi habitación que es un desastre, pero antes debería pedir un turno con el clínico para ver por qué me duele ¡ay! yo debería haber estudiado medicina y así me evitaría tantas dudas, además-

A          N          S          I          E          D          A          D

Te saca el sueño. Te saca energía. Te saca.                                                                                        La ansiedad se define como el estado del que “ansía”, con preocupación o impaciencia por algo que ha de ocurrir. Es una vivencia de temor ante algo difuso, vago, indefinido.

 

ESTAS PERDIENDO EL TIEMPO

 

Todos somos algo ansiosos. En pequeña o gran medida. Para algunos simplemente resulta un rato de molestia, para otros, horas de calvario.

El peor enemigo de la persona ansiosa son sus propios PENSAMIENTOS. Se sienten como tormentas constantes, palabras e ideas aisladas que se enciman unas a otras sin siquiera dejar terminar a la anterior. Se chocan y se corren entre sí para dominar el pensamiento mayor, y se mantiene a quien las escucha en un estado de alerta permanente.

 

NO VAS A LLEGAR

 

La ansiedad, además, busca siempre un nuevo motivo de preocupación. Si estoy tranquilo/a, por fin de vacaciones, ya no puede alterareme el “trabajo acumulado para el día siguiente”. Pero entonces sí otros interrogantes acerca de “el día de mañana” y, por qué no, el “ayer”. La comparación, el tiempo que pasó y el que aún me queda. Y ¿es suficiente para todo lo que tengo planeado?

 

SE TE HACE TARDE PARA…

 

Querer hacer todo a tiempo, cumplir en tiempo esperado,  termina abombando la mente y generando ni más ni menos que el efecto contrario. El ansioso puede acarrear insomnio, nerviosismo, incapacidad para concenterarse, tensión, cansancio… Efectos que no hacen más que desvirtuar el plan, postergarlo por falta de energía para hacerlo de manera adecuada.

 

¡SHHHHHHHHH!

 

Pero, ¿cómo callar la mente? ¿como silenciar tanto alboroto?                                                  No hay una regla general,  depende de los deseos de cada quien. Depende, creo, de lo que a cada uno lo “baje a tierra”, desde hobbies hasta meditación. No importa como se haga, lo realmente importante es lograr ese merecido descanso y “paz entre ideas”.

Hoy en día, en  un ambiente ensordecedor por donde se lo mire, la mente se suma y pide a gritos, un rato de silencio.

m i e d o

¿Cuándo voy a dejar de vivir en estado de alerta? ¿Cuándo voy a dejar de tener miedo?

No recuerdo exactamente cuando fue la primera vez que me gritaron algo por la calle. Hecho que me asusta más porque, entonces, era significativamente chica.

Es un “piropo”, justificaba quien sea que caminara a mi lado (exceptuando algunas mujeres, a quienes tampoco les causaba algún tipo de agrado el “halago”). Incansablemente recibía el “que hermosa en tonos obscenos. Yo sentía miedo.

No hace muchos años abrí los ojos a la horrenda y desigual realidad contra la cual me comprometí a luchar pero,  definitivamente, NUNCA me fue cómoda en absoluto. Aún no lo es.

La primera vez que salí a la calle con un pañuelo verde colgado de mi mochila, tuve miedo. No se veían tanto y yo me sentí, como tantas otras veces, desprotegida. Tuve miedo. Y me resonó.

¿Miedo por manifestar mi lucha por el cumplimiento de mis derechos? ¿Miedo por demostrarme comprometida con una causa de algo tan básico como debería ser la igualdad de género en todo ámbito? ¿Miedo por ser libremente quien soy?

Sin embargo, paralelamente, y distinto a ese miedo de chiquita, sentí apoyo. Comencé  a ver muchos más retazos o cintas colgadas de bolsos, carteras y morrales. Las redes se volvían monocromáticas y llenas de discursos. La plaza se llenaba en las primeras marchas, explotaba en las últimas. Tanta expresión me llevó a creer que estábamos formando, de a poco, una realidad menos incómoda. Más igual.

Pero absolución a asesinos. Pero liberación a violadores. Pero “piropos” en la calle, centavos en el trabajo. Secuestros a dos cuadras de mi casa, femicidios en todas partes.

Y se mantienen las prácticas (naturalizadas) con actitudes que inferiorizan. Y se repiten los discursos que amedrentan e invisibilizan.

Y vuelvo a tener miedo.

A veces no sé de dónde sacar fuerza para salir tranquila. Caminar por cualquier calle sola. Como quiera. Cuando quiera.

¿Cuándo voy a dejar de vivir en estado de alerta? ¿Cuándo voy a dejar de tener miedo?

Tan extremista como un Boca-River.

¿Por qué siempre nos quedamos en  los extremos?

La situación del pasado fin de semana dio lugar a una multiplicidad de opiniones, puntos de vista, reflexiones. Sin embargo, no se dejó de meternos a todos los hinchas en una misma bolsa

El hincha como animal, bárbaro, incivilizado, monstruo, bestia, entre otros.

Que todos sentimos vergüenza, desde ya. Que nos sentimos afectados, también. Que nos da pena y tristeza ver como se derrumbaba una fiesta por la “animalización”, si se quiere, de la pasión, claro que sí. Y ni hablar de los más afectados, los jugadores.

Pero, basta de generalizar.

Como xeneize me sentí humillada. Porque soy fiel seguidora del equipo desde que tengo uso de razón. Pero también tengo USO DE RAZÓN. Puedo, como miles de hinchas, festejar y razonar. Puedo entender  al fútbol tanto en su faceta espectacular, como en la capitalista. Sabemos, de más está decir, como funciona todo por detrás. Sabemos que es tanto un juego como un mercado. Sabemos, sí. Y por eso tenemos claridad para pensar críticamente.

Lo que sucedió estuvo, en todo sentido, mal. Las lastimaduras no fueron solo físicas y anímicas hacia el plantel, sino hacia todo el acontecimiento que suponía fecha y hora inamovibles. Miles de hinchas, millones de personas  (a nivel nacional e internacional) esperaban presenciarlo.

Pero, todo se desvirtuó por una porción. Una pequeña porción que, quizá, represente a otros tantos (y sean muchos) pero aún no representan lo que verdaderamente siente el  fiel hincha.

Se perdió una fiesta que, aunque se juegue hoy, mañana o en un mes, no será igual. Queda una sensación horrenda en el pecho, una angustia que no se arreglará simplemente disputándose el partido. Pero por eso, tampoco, uno deja de pensar en otras cuestiones.

Ahora no sólo no puedo salir en pollera de noche, sino que tampoco puedo vestirme de azul y amarilla por que me tilden de salvaje. Basta de estigmatizar. Basta de generalizar.

Algunos solo sentimos amor por los colores y los alentamos por la pasión. Pero la pasión sana y crítica. La pasión cuerda. No me metas en tu extremo.

 

 

Se dice de mi…

Dicen que los comunicadores sociales (o estudiantes de comunicación) no nos especializamos en un área sino que sabemos de todo un poco.

Creo, entonces, que mi mente se recibió hace tiempo, ya que puede pensar variedad de temas en tan solo un minuto.

Es por eso que abro este espacio para compartir, y por qué no organizar, un poco de lo que pasa por mi alborotada cabeza.

Pero no se trata simplemente de filosofar o divagar sin más. Intento establecer un análisis acerca de algunos temas ; un pensamiento critico sobre otros tantos.

En fin, de todo un poco o un poco de todo. Metete, en una de esas te quedás leyendo.

QUE DIFÍCIL ES LLEGAR AL FINAL.

Entonces…

Estuve horas, días, meses pensando en cual sería mi primer entrada.

Planifiqué, comencé párrafos, abrí millones de temas distintos, pero a nada di cierre. Pero toda esa nada me dio un pie perfecto para que, por fin, se transformase en algo.

¿Por qué empezamos tantas cosas que nunca terminamos?

o

¿Por qué dejamos todo a medias?

Sí. No estás solo. Existen razones científicamente comprobadas para explicarlo. Algunas de ellas:

  • No nos gusta fracasar:

Es el temor a que nuestra pieza, creada en lo más profundo de nuestra mente, toda una obra natural y original, se exponga, débil y frágil, al frío y hostil entorno de lo público para ser criticado una y mil veces y destruido por donde se lo vea. O simplemente, el orgullo de no aceptar dichas críticas, ya sean constructivas o no.

Pero, como bien sabemos, de no intentar, nunca obtendremos éxito (o fracaso, que nos ayude a progresar).

  • Subestimamos

Asumiendo una postura casi totalmente contraria, es la de creer que todo está al alcance de la mano. En un abrir y cerrar de ojos. No es así. Si aquello que comenzamos por nuestra cuenta no tiene una continuidad propia, pues no seguirá por la suya, así como si cobrara vida y ambiciones de repente. No. Nada es imposible pero tampoco tan sencillo. 

Lo importante es no dejarse llevar ni por fracaso, ni por fiaca. ¡Arriba! que aún estamos a medio camino.

  • No solemos planificar

Agh. ¿Un plan? ¿esquema? Como quieras decirle. Y creo que de todo, es lo que más fiaca da. Y soy la primera en no querer hacerlos. Pero te prometo que después de tantas veces que lo escuches, lo vas a hacer (al menos para dejar de recibir ese maldito consejo).

Ahora en serio, planifica. Esquematiza, ordena.

Las palabras clave  son un buen comienzo. Escribilas en una hoja. Estas pueden quedar revoloteando en tu cabeza e, inconscientemente, generando contenido sin siquiera darte cuenta (y más tarde transformándose en ideas repentinas).

Ponete plazos para concretar tus actividades pendientes. Como incentivo a atrapar aquello que aún revolotea para, por fin, concretarlo.

Nunca es tarde. Te lo digo yo, que de una vez por todas (y sin poder creerlo) estoy finalizando la primera entrada. ¿Es buena? ¿Es mala? No lo sé. Pero ES. Y antes de eso, no podría haberse calificado.

Andá. Rompe el hielo, dale.