Llueve en todas partes

Me encanta lo cursi que puedo llegar a ser cuando siento.

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Sos mi sueño

​Ayer te apareciste en mis sueños. En dos.

Me buscabas desesperadamente, me encontrabas y me querías. Podría decirse que hasta me querías más de lo que yo te quiero en la realidad.

Y por fin tus brazos me rodeaban completa, con una calidez distinta, una calidez real. Tus ojos se perdían en los míos profundamente… parecíamos conocernos de toda una vida. Mi sonrisa, fácil, se volvía permanente. 

En ese sueño yo vivía plenamente. Todo lo que quería (y quise durante tanto tiempo) estaba ahí, frente a mí, para mí, deseándome.

Y despertar queriendo regresar a ese hermoso e ilusorio momento junto a vos, es de las peores sensaciones… una sensación que dura, ¿quién sabe cuánto tiempo?… quizá hasta que te personifiques y dejes de ser sólo producción de mi mente, de mis potencialidades. Cuando tu presencia en mi vida deje de depender de mi, y dependa de vos.

Mientras tanto, me refugio en ellos. En mis sueños y en mis pensamientos infinitos, y espero. Te espero.

Te quiero real


¿​Es posible estimar a alguien que no se tiene?

¿Es posible encender e incluso mantener una llama que sólo se aviva desde un lado?

¿Amar sin tocar, sin ver?

¿Alegrarse a partir de una simple ilusión?

¿Es posible enamorarse de un recuerdo?

¿Es extraño querer con todas tus fuerzas que dejen de ser recuerdos e ilusiones?

¿Es extraño querer abrazarte y decirte todo lo que me haces sentir sin siquiera saberlo?

Te conozco en mis pensamientos (vivís en ellos), pero te quiero en mi realidad.

Fiestas 

​Hace unos días leí una frase que decía asi:


Y me quedé pensándola horas y horas mientras en mi cabeza comenzaban a reproducirse pequeños recuerdos aislados de las navidades vividas de chica…

Efectivamente, la mesa era muy larga… Cada familia colaboraba con una comida sobre ella para, más tarde, poder compartirlos todos. 

Tíos y tías, primos, abuelos y hasta tíos abuelos poniéndose al día después de no verse por un largo año, que trajo consigo tantas experiencias.

“(… ) y entonces el año que viene ya empiezo a trabajar en este nuevo negocio, mientras estudio”

“¿5 añitos ya? Ay Sofita, ¡como pasa el tiempo! Cuando te quieras acordar ya vamos a estar festejando tu casamiento”

“¡Pero que cambio de look! Te hiciste reflejos.” “No, Susana… son canas”

Charlas interminables que se pausan cuando llega la última invitada, con el pelo perfumado y escurriendo agua, la tía Helena. Siendo las 23:06, arranca el desfile de platos.

El más veloz en recorrer la mesa es el deseado Vithel Toné, nadie quiere quedarse sin su porción. A él le siguen el pollo relleno y las tres ensaladas rusas repetidas, que tan bien decoradas estaban y que ahora pierden su elegancia entre puñalada y puñalada de cucharadas.

Por último, pellizcados los piononos agridulces, algún que otro sándwich de miga… Pero todo esto era sólo una entrada mientras se espera el gran primer plato: lechón a la parrilla, de la mano del abuelo. “Un aplauso para el asador” y se funden las palmas con la cumbia y el cuarteto típicos, que ya se van escuchando de fondo.

De a poco las lenguas de los grandes desenfocan su atención de las anécdotas, para volverse hacia los miles de sabores que se les presentan en frente. 

Mientras, las primas, decimos haber terminado de comer, y nos retiramos hacia el patio, no sin antes tomar los chasqui boom, las estrellitas y demás artículos de peligrosa pirotecnia.

Dibujan en el aire las estrellitas.”pic”, un chasqui boom. “pic, pic”, ahora fueron dos. “BAAAM” Mi abuelo y mis primos mayores ya estaban también afuera, tirando petardos de los más grandes que existen, lo que nos obliga a entrar de nuevo a la casa.

Sin embargo, resulta un buen momento para correr detrás del sillón y planear con mi prima, un año mayor, lo que sería un “susto a Papá Noel”.


Risas pícaras por allí, risas estridentes por allá, de nuevo en la mesa ahora, semi vacía. Porque son las 23:49 y ya se encuentran algunos apreciando los fuegos artificiales, otros levantando la mesa, lavando la vajilla, un chiquitín durmiendo, unos preparando el pan dulce lleno de frutas secas de la abuela, el budín de chips de chocolate de la tía Miri, los confites insulsos pero coloridos del tío… 

23:55 y las copas comienzan a llenarse de sidra, champagne, jugo o gaseosa, mientras la prima Clara, busca desesperadamente el control para sintonizar Crónica TV, que ya dio inicio a la cuenta regresiva.

“¿Todos tienen vaso?” “¡Apurensé que faltan dos minutos!” “Tío, basta de fuegos artificiales… dale que ya tenemos que brindar” A los gritos Clara siempre poniendo orden para que nada se mueva, si quiera un minuto.

“DIEZ…NUEVE…OCHO…SIETE…SEIS-¡Paren, paren, se apuraron! AHORA SI-SEIS…CINCO…CUATRO…TRES…DOS…UNOOO… ¡Feliz Navidad!

Para este momento el plan  nos encuentra a Sofi y a mi, listas para ejecutar.

Brindis y saludos dan la bienvenida al esperadísimo Papá Noel en persona. Sofi y yo corremos pero el plan queda frustrado al quedar yo hipnotizada por la felicidad que me produjo ese momento, y caer ella en llanto, terminando como víctima del plan.
Yo vivía la magia, y es por eso que no lograba entender las carcajadas de mi mamá al ver a Papá Noel entrar. Y tampoco dejaba de lamentar que mi papá se estuviese perdiendo semejante espectáculo por haber ir al baño justo en ese momento.

Al mirarlo a los ojos que se escondían detrás de enormes anteojos, decidí que éstos eran muy similares a los de mi propio papá. Sin embargo nunca pude comprobarlo, porque por alguna razón, después de esa navidad, Papá Noel no nos visitó más. Yo sigo sosteniendo que fue por culpa de mi prima y su capricho.

Habiendo entregado cada uno de los regalos, Papá Noel se despide, y se va por la puerta de adelante. Cinco minutos más adelante la mesa se vuelve a completar de gente, y de dulces. Ahora los primos juegan con sus respectivos presentes, y mi papá sale finalmente del baño. Tarde.

Se une a los demás que, después de un par de temas de Gilda, de a uno se van levantando para bailar hasta que las piernas resistan. (Años más tarde se volverá una verdadera fiesta cuando llega el cotillón “rejunte de cotillones varios”). Entre canción y canción varían los DJs y los bloques musicales se tornan temáticos pasando de Los Palmeras y Leo Mattioli  a Bachata, de techno a Arjona y Montaner.

La noche cae, y antes de que suba el sol ya estoy de nuevo en la habitación con mi hermana bebé, mamá y papá. Yo descanso junto a mi nueva Barbie que, debo admitir, no era la que había pedido, pero me gusta mucho igual.

Lo mejor de la navidad definitivamente no fue la Barbie, sino haberme reencontrado con toda la familia que veo poco en el año, de haber comido tan rico y de haber reído tanto. Ahora sólo quiero dormir y que sea 25, para que se repita un poco la fiesta de hoy

(Teniendo en cuenta que el 25 el lechón es frío; las tres ensaladas rusas se convierten en una sola, decorada con una aceituna en el centro; el postre es ensalada de fruta y la mesa dulce se basa en turrones blancos, algún pedacito de budín, otro de pan dulce, y pasas de uva sobrantes.)

 Así fue siempre y así espero que lo siga siendo. Crezcamos, que se sume gente, nuevas recetas, que varíe la música o la locación, pero que nunca se pierda el ENCUENTRO. Quizá, algún día, hasta nos toque buena temperatura y no suframos el viento frío del 25 a la tarde en la playa.

La distancia que nos separa, nos une.

Cuando el día está tan nublado, tanto que contagia al interior.

Cuando anochece y se apaga el sol.

Cuando el cielo está vacío de estrellas, vacía me siento.

Cuando creo que nada nos une, la luna aparece intentando demostrarme lo contrario.

Veo una luna que es igual para mi, igual para vos. Que llena el vacío que dejaron las estrellas, el vacío de no tenerte al lado.

Sé que si hablás de ella, hablás de la misma que yo. Donde sea que estés, es sólo ella la que llena tu vacío.

Y no sé nada de vos. No se donde estás, que hacés o hacia donde vas. Sólo sé que si mirás al cielo quizás ahí también este yo, mirando a esa  luna. Esa misma luna que algún día nos va a encontrar.

Y la voy a mirar, y la vas a mirar, de mi mano.

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Indecisión, compañera de vida…

Me preguntaron que quería ser “cuando sea grande” a mis cortos 6 años, donde mi mayor preocupación era no perder el único par de zapatos con los que venía vestida mi Barbie modelo de pasarela.

Me lo volvieron a preguntar a mis 12 años, cuando guardaba tristemente mi bebé de juguete en una bolsa, para no volver a abrirla.

15 años, un vestido soñado en mente, amigas, amores platónicos, y esta pregunta que parece ser cada vez más frecuente, mientras que las respuestas parecen nunca aparecer.

2 años más y ese maldito cuestionamiento se transforma en un empujón repentino hacia el futuro. “En qué carrera te vas a inscribir?” “Qué elegiste?”
Y es ahí que recién caigo en que no se que es lo que quiero para mi vida.  ¿Cómo puedo saber, con apenas 17  años, lo que voy a querer hacer por tantísimos más?

Ahora se que quiero viajar. Se que quiero salir con amigas y volver a casa para contarle los chismes del chico que me gusta a mi hermana, y escuchar los suyos. Se que quiero aprender miles y miles de recetas para deleitar a mamá, y cada domingo ir a la cancha y dejar mi voz alentando a Boca con papá.

Se tanto de lo que quiero para mi vida en este momento que descuido lo que quiero para mi futuro. Se también que, tome la elección que tome, mi indecisión característica no me va a dejar dormir pensando en si fue correcta o incorrecta.
Y salté hacia esa planilla que decía “Inscripciones 2016 CBC”. Elegí escribir, elegí enfocar mis sueños hacia los medios. Y se que nada me lo puede impedir …exceptuando las subestimaciones, las inseguridades de otros, o hasta mi propia indecisión, pero planeo no dejar que ninguna se entrometa, ya que se trata de lo que quiero para mi futuro, o al menos, de lo que creo, a mis 17 años, que quiero para mi futuro.

Para iniciar este camino.

Pies desnudos que inician su camino. Marchan sobre nuevos suelos. Son jóvenes, son pequeños. Andan sin rumbo, sin un destino… a la deriva.

    Pies desnudos que andan, buscando un futuro. Suaves sobre blando, firmes sobre duro. Andan.

    Un comienzo, ¿que final? Desfile de experiencias. Enseñanzas y aprendizajes que recorrer.

    Pies desnudos que cruzarán la línea de meta. Frescos, sanos, relucientes pies al inicio. Cansados, ancianos, pero orgullosos, dichosos pies al final.